ACERCA DEL POEMA    “REIR LLORANDO”(1) de Juan de Dios Peza(2)
 
Por RICARDO H. RUIZ (1998). “Melancolía y Literatura”.
       En: Tigres Azules. Ensayos sobre Psicología y LiteraturaLa Plata. Avatar. 2003

 

Hace poco tiempo, mientras me ocupaba de una investigación sobre “Angustia y Depresión”,

Acudió a mi memoria (para decirlo con una frase corriente pero precisa)

el poema del subtítulo, del cual transcribo un fragmento:

 

Una vez ante un médico famoso

llegose un hombre de mirar sombrío.

-Sufro -le dijo- un mal tan espantoso

como esta palidez del rostro mío.

 

Nada me causa encanto ni atractivo:

no me importa mi nombre ni mi suerte;

en un eterno spleen muriendo vivo, (3)

y es mi única pasión la de la muerte.

 

-Viajad y os distraeréis.         -¡Tanto he viajado!

-Las lecturas buscad.             -¡Tanto he leído!

-Que os ame una mujer.         -Si soy amado…

-Un título adquirid.                 -Noble he nacido.

 

-¡Pobre seréis quizás?             -Tengo riquezas.

-¿De lisonjas gustáis?            -¡Tantas escucho!

-¿Qué tenéis de familia?         -Mis tristezas.

-¿Vais a los cementerios?       -Mucho…, mucho.

 

-De vuestra vida actual, ¿tenéis testigos?

-Sí, mas no dejo que me impongan yugos:

yo les llamo a los muertos mi amigos

y a los vivos les llamo mis verdugo.

 

– Me deja -agregó el médico- perplejo

vuestro mal: mas no debo acobardaros;

tomad hoy por receta este consejo:

sólo viendo a Garrick podéis curaros.

 

– ¿A Garrick?                                -Sí, a Garrick… La más remisa

y austera sociedad lo busca ansiosa;

todo aquél que lo ve, muere de risa;

tiene una gracia artística asombrosa.

 

-¿Y a mí me hará reír?         – Oh, sí os lo juro;

él sí, nadie más que él; mas.. .¿qué os inquieta?

– Así – dijo el enfermo – no me curo;

Yo soy Garrick…, cambiadme la receta(4)

 

Como se indica, no se ha trascripto el poema completo. El mismo -un tanto extenso- diluye, entre una introducción que le quita sorpresa y algunas conclusiones convencionales, el sentido profundo que contiene. Son esas partes las que no se han incluido. Es mejor dejar el camino abierto a las ideas que sugiere que repetir algunas de las convenciones que enuncia.

Es posible que este poema no revista hoy, después de tantos años, el mismo valor poético. Pero produce un efecto imposible de negar. Quizás se lo pueda referir a que -como decía Borges de Almafuerte- destila sinceridad. También, a que describe certeramente ese estado característico de la melancolía, donde todo carece de significado, así como el desconcierto que produce la imposibilidad de reencontrar el significado en las cosas y en los datos del mundo cotidiano. Pero, sin duda, en donde reside todo el efecto del poema es en las dos últimas líneas transcriptas, a las que está subordinado todo el resto:

 

“- Así -dijo el enfermo- no me curo;

Yo soy Garrick…, cambiadme la receta.”

 

preparado por una pregunta aparentemente ingenua y dubitativa:

 

“¿Y a mí, me hará reír?”

 

La réplica de Garrick a la respuesta deja sin chance al médico. Él tampoco la tiene.

Sin embargo, hay algo más. Convendría relacionar la ausencia de significado con la inutilidad de tratar de reencontrarlo a través de valores convencionales, de las cosas que posee, de las personas que lo rodean, de los sentimientos que despierta: la evidencia oculta la realidad. Garrick tiene demasiada conciencia de la vanidad de la fama, de la gloria que es espuma, de lo efímero de las posesiones, de la transitoriedad de los amores. Eso -sabe- no tiene solución: en consecuencia, para él, la vida carece de significado. Garrick -gemelo de Kafka- también es un ateo del sentido.

Pero hay algo más en el poema que determina tanto su sinceridad como el efecto que provoca. Garrick representa otra tragedia. Dueño del poder de aliviar la tristeza de los otros no puede aliviar la suya. Como un prestidigitador que conoce las “artimañas” y el “efecto”, las “artimañas” no producen “efecto” en él, que las conoce. Algo similar ocurre con los “médicos del alma” (que se designan prosaicamente a sí mismos como “psicoterapeutas”): pueden combatir la tristeza sólo “en el escenario”, pero la vuelven a encontrar en las circunstancias de la vida. Tanto él como el paciente están afectados por las mismas condiciones que determinan la melancolía (sentimiento básico constituyente de todos los seres humanos).

Numerosas investigaciones creen mostrarnos el proceso de formación de la melancolía. Muestran, en realidad, el fracaso para combatirla. La melancolía – como la angustia – no puede suprimirse: las historias de vida la confirman o la compensan. La complejidad de los detalles que intervienen en las historias personales de los seres humanos oculta la simplicidad de los principios que la determinan:

1)El hombre, como todos los seres vivos, está afectado por el tiempo;

2)Es el único ser que lo sabe.

 

Notas

(1) Extraído de una vieja antología de poemas a la que le faltan las tapas, las primeras hojas y el índice.

(2) Juan de Dios Peza, poeta mexicano (1852 – 1910).

(3) Spleendesigna en inglés, el bazo, órgano cuya irritación se atribuía el mal humor,

la tristeza, la melancolía. Presenta también la connotación de tedio.

En Francia se lo sesignó como “mal du siecle” (“mal del siglo”).

(4) David Garrick, actor inglés (1717-1779).

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